El asesinato de JFSO provoca indignación y asco. El domingo apareció una entrevista del presidente de México en El País hablando de sus logros y retos, pidiendo comprensión y amor al país. Percibe que una de las grandes especialidades de los mexicanos es hablar mal de México.
Quizá dejaremos de hacerlo cuando los asesinos no cacen a quienes hacen denuncias anónimas, o cuando el sujeto que acumula una sexta parte del PIB del país deje de poner publicidad estúpida en los periódicos quejándose de otros monopolios, o cuando el 60% de los productos vendidos en la Ciudad de México dejen de ser ilegales, o cuando los políticos dejen de jugar a sus telenovelas de alianzas y sucesiones (¡discutir ideologías!) y se pongan realmente a trabajar en la realidad.
No se puede construir en México porque no hay espacio social. Y el "espacio social" no se gana con esas sospechosas "ampliaciones [sic] de derechos", sino con la posibilidad de ir por la maldita calle sin que alguien te dispare. O de decir tu opinión sin que los homnizabios te destrocen. O de discutir la cosa pública con prospectivas reales. Y en general sin el odio devorador que nos tenemos los mexicanos.
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